Con Paquito D’Rivera en la Plaza de la Aduana, el Cartagena Festival de Música cerró su vigésima edición
Con un concierto multitudinario en la Plaza de la Aduana, Cartagena bajó el telón de la vigésima edición del Cartagena Festival Internacional de Música, en una noche marcada por el virtuosismo, la emoción y el diálogo entre la música clásica y el jazz latino, de la mano del legendario Paquito D’Rivera.
El clarinetista y saxofonista cubano, ganador de múltiples premios Grammy y una de las figuras más influyentes de la música contemporánea, fue el encargado de clausurar un festival que durante nueve días convirtió a la ciudad en un escenario vivo para el arte y la cultura. Su presentación, abierta al público, congregó a cientos de asistentes que llenaron el emblemático espacio del Centro Histórico.
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Paquito D’Rivera ofreció un recorrido musical que fusionó jazz, música clásica y ritmos afrolatinos, demostrando por qué su carrera ha trascendido fronteras y generaciones. Con una trayectoria que abarca más de cinco décadas, el artista celebró en Cartagena la diversidad sonora y la libertad creativa que han marcado su obra.
El concierto de clausura fue el broche de oro para una edición que celebró los 20 años del Cartagena Festival Internacional de Música, consolidado hoy como uno de los eventos más importantes de la música clásica en el mundo hispanohablante. A lo largo de esta versión 2026, el festival ofreció una programación ambiciosa que incluyó a reconocidos solistas, directores y agrupaciones de cámara de talla internacional.
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Uno de los ejes centrales del festival fue la exploración de la música eslava y sus raíces nacionales, temática que permitió acercar al público a compositores fundamentales del repertorio europeo. Obras de Smetana, Janáček y Suk, interpretadas por el Cuarteto Pavel Haas y otros ensambles invitados, ofrecieron una experiencia sonora profunda y cargada de identidad cultural.
El festival también se destacó por su apuesta por el talento vocal, con presentaciones memorables como la de la soprano Mariam Battistelli, que deslumbró al público cartagenero con su técnica y expresividad. Su presencia reafirmó el nivel artístico del evento y su capacidad para atraer a figuras que hoy marcan la pauta en los grandes teatros del mundo.
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Más allá de los escenarios, el Cartagena Festival de Música volvió a demostrar su impacto social y educativo. Talleres, clases magistrales y encuentros con artistas hicieron parte de una agenda que buscó formar nuevas audiencias y fortalecer el vínculo entre la música académica y la comunidad.
La clausura en la Plaza de la Aduana no solo cerró una programación exitosa, sino que dejó un mensaje claro: el arte y la cultura siguen siendo pilares fundamentales para la ciudad. Cartagena, una vez más, se proyecta al mundo como un destino donde la historia y la música dialogan en perfecta armonía.
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Con aplausos, emoción y una plaza llena, el festival se despidió hasta una próxima edición, dejando en firme que, tras 20 años, el Cartagena Festival Internacional de Música sigue más vivo que nunca.