Venezolanos en Barranquilla renuevan la esperanza de regresar a su país tras giro histórico
Barranquilla amaneció con un ambiente distinto para miles de ciudadanos venezolanos que hoy residen en la ciudad. La expectativa de un cambio profundo en Venezuela despertó emociones contenidas durante años y reavivó un anhelo común: la posibilidad real de volver a casa. Entre celebraciones discretas, reflexiones prudentes y llamados a la serenidad, la comunidad migrante comienza a reorganizarse ante un escenario que muchos creían imposible.
Durante años, buena parte de los venezolanos que llegaron a la capital del Atlántico asumieron que su permanencia sería indefinida. La crisis política, económica y social los obligó a dejar atrás profesiones, familias y proyectos de vida. Hoy, la coyuntura abre una puerta a la esperanza y, al mismo tiempo, a la cautela. En barrios del sur y suroccidente de la ciudad se observaron banderas tricolor, mensajes de fe y conversaciones cargadas de emoción sobre un eventual retorno.
Historias como la de Edgardo Alfonso De la Vega reflejan el sentir colectivo. En Venezuela ejercía como diseñador gráfico, pero en Barranquilla encontró sustento en oficios distintos, como el reparto a domicilio. “Dejé mi carrera y mi vida porque ya no se podía vivir con dignidad. Hoy siento que, por primera vez, hay una luz para volver”, comenta, mientras recuerda las largas caminatas por la falta de transporte y las filas interminables para conseguir alimentos básicos.
En la ciudad residen cerca de 137 mil ciudadanos venezolanos, una cifra que, aunque ha disminuido frente a años anteriores, mantiene a Barranquilla como uno de los principales destinos de esta población. La mayoría son jóvenes entre los 5 y 29 años, lo que evidencia el impacto generacional de la migración. Muchos niños y adolescentes han crecido lejos de su país de origen, adaptándose a una nueva cultura y enfrentando retos en educación, salud y empleo.
Ante este panorama, las organizaciones de migrantes han asumido un rol clave. Líderes comunitarios señalan que el primer paso es combatir la desinformación y evitar decisiones precipitadas. A través de programas de orientación, se difunden mensajes claros sobre la importancia de verificar noticias, no caer en rumores y priorizar la seguridad de las familias. El llamado es a no exponerse a riesgos innecesarios mientras se definen los próximos pasos del proceso político en Venezuela.
Desde estas organizaciones se insiste en que el retorno no será inmediato ni masivo. Para muchos, especialmente los más vulnerables, la idea de regresar está ligada a la recuperación de viviendas, la reunificación familiar y la garantía de condiciones mínimas de estabilidad. “La esperanza volvió, pero debe ir de la mano de la prudencia”, reiteran voceros comunitarios, preocupados por posibles represalias y escenarios de tensión en el país vecino.
La solidaridad también se siente del lado de los barranquilleros. La ciudad, históricamente marcada por oleadas migratorias, ha aprendido a convivir con distintas nacionalidades. En las calles, las opiniones oscilan entre el optimismo por un posible alivio humanitario y la preocupación por las consecuencias que pueda traer un proceso de transición complejo. Muchos coinciden en que, si Venezuela logra estabilizarse, una parte importante de la población migrante optará por regresar para reconstruir su vida en su tierra natal.
Ciudadanos colombo-venezolanos expresan un sentimiento doble: dolor por lo vivido y esperanza por lo que podría venir. Para ellos, el retorno no solo significa volver a un territorio, sino recuperar identidad, dignidad y futuro. “No fue una migración por gusto, fue por necesidad. Si hay garantías, claro que queremos volver”, afirman.
Mientras tanto, en Barranquilla el ambiente es de expectativa contenida. La comunidad venezolana se mantiene unida, atenta a la evolución de los acontecimientos y comprometida con la calma. Entre la fe, la organización y la solidaridad, miles de familias siguen soñando con el día en que el viaje de regreso deje de ser una ilusión y se convierta en una realidad posible en esta orilla del Caribe.