El Bony, exboxeador colombiano
El Bony, exboxeador colombiano
Cortesía
6 Ene 2026 10:57 AM

“Mi papá fue el negro más feliz que he podido conocer”: hija de ‘El Boni’ lo despide como una leyenda cultural y cimarrona del Caribe

Andrea Melissa
Ascanio De Oro
El Boni acumuló 41 victorias, 24 de ellas por nocaut, y solo 11 derrotas, una hoja de vida que lo convirtió en referente del boxeo nacional.

Bonifacio de Ávila Berrío, conocido cariñosamente como “El Boni”, murió este lunes 5 de enero en Cartagena, rodeado de su familia, después de varios años de luchar contra el Alzheimer y el Parkinson, enfermedades que terminaron por apagar la vida de uno de los grandes íconos del boxeo y la cultura popular del Caribe colombiano.

‘El negro más feliz’

“Mi papá fue el negro más feliz que he podido conocer”, dice Margareth Ávila, conocida cariñosamente como Maggie, una de las hijas menores de ‘El Boni’, mientras repasa en voz alta una historia hecha de golpes en el ring, maratones en la calle y sonrisas en el kiosco de Bocagrande en Cartagena. Nacido en lo que entonces era Palenque Duré, hoy Correa, en Sucre, Bonifacio de Ávila creció como un cimarrón alegre, afrodescendiente orgulloso, que hizo de la disciplina del deporte una filosofía de vida.

Desde muy joven, cuenta Maggie, se abrió camino “desde abajo”, sin terminar la primaria, con letras “chuecas”, pero con un ímpetu que lo llevó de los cuadriláteros de barrio a los Juegos Olímpicos de Múnich 1972, donde integró el primer equipo olímpico de boxeo de Colombia.

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Del ring a ‘La leyenda’…

El Boni acumuló 41 victorias, 24 de ellas por nocaut, y solo 11 derrotas, una hoja de vida que lo convirtió en referente del boxeo nacional y en orgullo de Sucre, Cartagena y todo el país. Buena parte de su carrera profesional la desarrolló en Canadá, a donde viajaba constantemente mientras su esposa, Rosa Aurora Castaño, “la Mompocina”, sostenía en tierra el sueño que más tarde se llamaría Kiosco El Boni, en Bocagrande.

Su última pelea fue en 1981, el año en que nació su hijo Boni Jr.; después de ese combate colgó los guantes y se entregó de lleno al restaurante, sin dejar de promover el deporte, organizar carreras, maratones y hasta campeonatos de fisicoculturismo en La Boquilla. En paralelo, su nombre siguió vivo en documentales y especiales, como el que le dedicó ESPN Argentina, que volvió a poner su historia en pantalla el año pasado (2025).

Su hogar: entre la cultura y el deporte

En la casa de los De Ávila, recuerda Maggie, infancia fue sinónimo de deporte, música y comunidad. “Entre entretenimiento, mar, boxeo y cultura”, dice, crecieron los seis hijos de la pareja que empezó vendiendo aceite de coco y terminó levantando uno de los puntos más emblemáticos de Bocagrande.

Por el restaurante pasaron artistas de champeta en sus inicios y figuras que hoy son ídolos nacionales: desde Shakira hasta Silvestre Dangond y Mr. Black, todos encontraron en El Boni un anfitrión que los apoyaba cuando apenas comenzaban. “Él siempre estaba en pro de apoyar a cualquiera que quisiera salir adelante, fuera o no de la familia”, recuerda su hija, al subrayar su compromiso con la afrocolombianidad y el cariño por la gente de su comunidad.

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La batalla final

El deterioro de la salud de El Boni se aceleró después de la pandemia, como secuela de años de boxeo y de las enfermedades neurodegenerativas que ya lo acompañaban. Diagnosticado con Alzheimer y Parkinson progresivos, fue hospitalizado antes del 24 de diciembre de 2025 por una neumonía que se complicó, hasta que finalmente falleció este lunes 5 de enero de 2026, ya en cuidados paliativos.

Aun en medio de la enfermedad, Maggie cuenta que su padre seguía reaccionando cuando le hablaban con alegría y nunca estuvo solo: “Tenía su cama eléctrica, enfermeros, cuidadores, los nietos, la familia… lo acompañamos siempre, hasta el final”. Para ella y sus hermanos, la tranquilidad viene de saber que “disfrutó la vida hasta el último momento” y que el ídolo del ring partió arropado por el mismo amor que sembró durante décadas.

Para su hija, Bonifacio de Ávila no fue solo un deportista, sino una leyenda cultural que desafió el destino de un territorio hostil en oportunidades para un niño afrodescendiente. “No es solo un hito de él como deportista, es una persona que se hizo a sí misma, que luchó contra todo pronóstico, que abanderó a su comunidad”, afirma Maggie, al recordar cómo su padre tendía puentes con Palenque, Tierra Bomba, La Boquilla y otras comunidades afrocaribeñas.

De Ávila solía repetir una frase que la familia hoy abraza como despedida: “Si me roban algo, me queda”, metáfora de su terquedad para levantarse después de cada caída y seguir adelante. Ese espíritu, mezcla de ímpetu, felicidad e identidad cultural, es el que hoy sus hijos piden recordar mientras preparan el homenaje póstumo que esperan realizar en el coliseo Bernardo Caraballo, antes del sepelio previsto para el miércoles 7 de enero en horas de la tarde, tras la velación en la funeraria Lorduy del Pie del Cerro.

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